La última cerveza.

El alma rota y desaliñada. No le gustaba hablar de corazón porque nunca llegó a entender lo que esa palabra significaba.

Tachó los días del calendario. Los dejó pasar. No quería sueños que se desinflaran ni horas que se le escaparan. Lloró por algo que nunca perdió, más que nada porque no había existido.

Vació botellas y contó estrellas desde su porche. Con un arpa entre las sombras, se sentó en la silla para esperar la siguiente remesa de personas despersonificadas. No olvidó cerrar la puerta, simplemente la dejó abierta.

Esperó y esperó. Aquel día todo acabó como una bomba en plena guerra. La gota más pequeña de su humilde mar. Como único sepelio, una serpiente arrastrándose en la tierra.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s