La última cerveza.

El alma rota y desaliñada. No le gustaba hablar de corazón porque nunca llegó a entender lo que esa palabra significaba.

Tachó los días del calendario. Los dejó pasar. No quería sueños que se desinflaran ni horas que se le escaparan. Lloró por algo que nunca perdió, más que nada porque no había existido.

Vació botellas y contó estrellas desde su porche. Con un arpa entre las sombras, se sentó en la silla para esperar la siguiente remesa de personas despersonificadas. No olvidó cerrar la puerta, simplemente la dejó abierta.

Esperó y esperó. Aquel día todo acabó como una bomba en plena guerra. La gota más pequeña de su humilde mar. Como único sepelio, una serpiente arrastrándose en la tierra.

Golden.

Hoy he leído el mejor libro de mi vida.

No es un best seller (para pena de su autor). No he tardado ni media hora, y para qué más. Nunca lo veréis en las estanterías de una librería, ni en una biblioteca. Si acaso en un museo cuando el que lo escribió cumpla su promesa de morir joven y famoso y yo decida venderlo al mejor postor cuando ande hundida en deudas de juego.

Siempre he dicho que los mejores libros no son aquellos que se encuentran en las listas de “cien libros que hay que leer antes de morir”. Para nada. Los mejores son aquellos que te hacen sentir, que vuelves a abrir por la página que sea en cualquier momento de tu vida y te siguen despeinando el alma.

Reír, llorar, volver a reír y volver a llorar. Todo eso en menos de media hora. Decidme si eso no es sentir, y si no, que venga Dios y lo vea. Y ya que estamos un psiquiatra.

En este libro he visto como una rata habla con una montaña mientras cantábamos a los sonidos del silencio a golpe de Groucho Marx. He olido el napalm por la mañana y he visto nacer unos bichos más tochos que los dragones. He bebido cerveza de sobre y fumado tabaco de emergencia. Le he cantado mis versos a la primavera y he hablado con un gato. He recordado porqué hago lo que hago y porqué no otra cosa. He contratado los servicios de un sicario y he usado la fuerza.

Y ese final…

Y justo así es como debía de ser de existir alguna vez. Un libro a medida, un libro de esos que sólo puede escribir la persona que mejor te conoce en este mundo. Un libro que navega en tu cerebro y en tus recuerdos mejor de lo que tú mismo eres capaz a veces. Un libro tan desordenado como solo tú y yo podemos serlo.

Gracias por treinta de los mejores minutos de mi vida.

Fdo:

Isa, reina de los Stathams.

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