El sabor de las palabras

Y ahí estás. Cada hora, cada minuto, cada segundo. En tu rinconcito de la mesilla, desafiante, orgulloso. Mirándome por encima del hombro sabiendo que cualquier intento de acercarme a ti es un fracaso. Y sería más fácil llevarte a la estantería, lo sé, no verte todos los días pero… cada vez que te alejo me rompes un poco el corazón, casi tanto como cada vez que leo la primera de tus palabras. Fuiste como un regalo envenenado. Eres como parte de mi conciencia. Serás una parte de mi historia.

Los libros no llegan a ser lo que realmente son hasta que le damos nuestro propio sentido.

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