El sabor de las palabras

Y ahí estás. Cada hora, cada minuto, cada segundo. En tu rinconcito de la mesilla, desafiante, orgulloso. Mirándome por encima del hombro sabiendo que cualquier intento de acercarme a ti es un fracaso. Y sería más fácil llevarte a la estantería, lo sé, no verte todos los días pero… cada vez que te alejo me rompes un poco el corazón, casi tanto como cada vez que leo la primera de tus palabras. Fuiste como un regalo envenenado. Eres como parte de mi conciencia. Serás una parte de mi historia.

Los libros no llegan a ser lo que realmente son hasta que le damos nuestro propio sentido.

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Almas desparejadas

Cada paso era una mentira desgranada. Cada sonido de tacón, una historia que aún no nos habíamos contado.

  • Siempre pensamos pasar una vida juntos.
  • También pensábamos que seríamos eternos.

Me miró a los ojos como sólo él sabía hacerlo, rompiendo esquemas y saltando resortes.

  • ¿No lo somos?
  • Hay ciertas dudas sobre eso.

No pude evitar mirar al suelo sonriendo al recordar las estadísticas de nuestras almas. La de veces que vaticinamos sobre la existencia de personas como nosotros.

  • Dime, ¿qué harás cuando te vayas? ¿qué haré yo?
  • Lo que siempre hacemos, un pie delante de otro, ¿recuerdas?

Y fue entonces, sólo entonces, después de tantos años y tantas noches de miradas interminables y silencios de dudas secretas, cuando por fin me lo contó.

  • Temo acabar sólo.
  • No te preocupes, siempre habrá locos dispuestos a amar a otros locos.