IRONÍA

Hoy vamos a jugar a ser distintamente iguales. Hablemos de por qué nos encanta predicar lo buenos que somos por ser tan diferentes y de cómo odiamos cuando lo demás lo son. De cómo establecemos un código de conducta sustentado por la tolerancia y de cómo miramos por encima del hombro cuando alguien se sale de él. Hablemos de la hipocresía del momento en el que damos un paso al escenario sonriendo porque, oye, seguimos vivos. Hablemos de que somos los mejores. Hablemos de que en el fondo no somos nadie.

Hablemos del orgullo y de las risas. De los momentos de quietud cuando la casa está vacía. Del enfado intolerable ante una nevera vacía de sentimientos. Del compromiso descomprometido, de las promesas rotas y de las tiritas al corazón. Hablemos de las decepciones enmascaradas. De las reacciones por las esquinas. De las paredes demasiado altas y las escaleras demasiado cortas. Del odio insostenible y de las decisiones por sostener.

Hablemos de ese momento en el que nos convertimos en iluminados divinos por nuestro propio parecer. De cuando dirijimos masas sin personas. De los pensamientos altruistas y de las balas perdidas. De por qué el orgullo de una luz mal apagada. De todo lo que falta por decir.

Hablemos de que no tenemos ni puñetera idea de cómo se habla.