Son los padres.

Me habláis de amor, y yo no os creo.
Hartos de ver relaciones de fin de semana, pasamos la vida creyendo buscar algo pero sin tener muy claro el qué. Se pide seriedad, pero luego no se concede.
Despertar al lado del amor de tu vida a las ocho de la mañana para decirle a las cuatro de la tarde que nunca te importó.¿Qué tipo de amor es ese por el que uno se cree por encima del otro? Siempre querer decir la última palabra y siempre tener la razón.
Estamos cansados de ver las reparaciones de corazones rotos a costa de la humillación del contrario. Creernos que merecemos más cuando en el fondo no se sabe la suerte que se ha tenido. Ataques gratuitos a personas que os trataron como el centro de su vida.
Decidme, ¿qué mierda es esa y por qué me queréis convencer? Ese afán por tratar de retener a la otra persona al lado de uno dando a entender que lo que el otro sienta no importa. Os ofendéis si faltan detalles pero huís si os dicen la verdad. Esas absurdas ocasiones en las que se pide sinceridad y luego se niega a escuchar. La hipocresía sentimental.
Me mostráis argumentos y yo lo único que veo es esa completa incapacidad de estar sólos… Porque os aterra. Y No se trata más que de eso, de un miedo a la soledad irrevocable.
Me habláis de amor, y yo no os creo.

Pasado – Presente (Por Estrella Solís Abril)

Ni siquiera Dios puede cambiar el pasado.
                               Agatón

Todos tenemos un pasado el cual no puede borrarse, aunque a veces a más de uno nos gustaría, nos gustaría volver a retroceder y cambiar maneras de ser que tuvimos o cosas que hicimos y nos arrepentimos o solo nos gustaría volver para decirle a alguien que se fue lo mucho que lo queríamos. 
En la misma medida en que avanzamos en la línea de la vida vamos teniendo nuevas experiencias pero a la misma vez nos vemos obligados a dejar atrás otras vivencias. Me gusta imaginar la vida como un tren en movimiento. A veces compartimos el viaje con las personas que han tomado nuestro mismo tren pero en alguna que otra estación estas personas descienden. 
Todos tenemos pasado el problema esta en ¿aceptaran las personas que están en nuestro presente nuestro pasado? ¿te juzgaran por lo que hiciste? o ¿hay que saber aceptarlo? 
Siempre hago la comparativa del pasado con una mochila, una mochila que llevamos todos y cada uno a las espaldas hay unas que pesan más que otras pero esta en nosotros en quitarle peso o no. Dicen que a veces el pasado nos persigue pero hay muy pocas personas que tienen el coraje de no juzgarte por lo que hiciste y juzgarte por lo que en el presente están viviendo contigo. Esto pasa en todos los campos de las relaciones sociales: familia, amigos, pareja.. Es muy raro que alguien no te diga un : ” Y es que tu hiciste” y estén reprochándotelo cada vez que ocurra o digas algo relacionado con la acción que cometiste. Todos pecamos alguna vez en decir “y es que tu hiciste” y no puede evitarse, el ser humano es sin duda el ser mas rencoroso que hay en el mundo siempre vamos a estar a alerta de que alguien diga algo para poder recriminar cosas que se hicieron en el pasado, unos lo harán por hacer la gracia, otros para que te sientas mal y otros realmente utilizaran ese “es que tu hiciste” por dolor, o por la no aceptación de los actos que otros cometieron y es algo que no superan o les atormenta porque hoy en día es muy difícil expresar sentimientos, y más si son dolorosos. Añadir que somos muy orgullosos y no vamos a dar jamas pie a reconocer nuestros miedos o inquietudes. 
¿Que pasa cuando no aceptan tu pasado? 
Soy partidaria de mientras menos sepas del pasado de la gente mejor, hay cosas que es mejor no saber (muchas veces se vive mejor en la ignorancia) ya que esas cosas siempre van a estar condicionandote en el presente y para que vamos a engañarnos pero las personas somos muy de darle 1000 vueltas a las cosas y más concretamente las mujeres que les damos 1001. Pienso que no es cuestión de aceptar o no el pasado de nadie simplemente es saber convivir con ello, mucha gente no es capaz y abandona su presente por no poder aguantar un pasado que le condiciona, si fuéramos así no tendríamos amigos, ni pareja y una que otras veces estaríamos peleados con la familia ya que alguien siempre habrá hecho en su pasado algo que no ha sido de nuestro agrado, y es que no podemos
hacer nada por cambiarlo pero en nuestras manos esta el ir mejorando día a día el presente.
Luego están las personas que dicen que les da igual el pasado ¿A quien queréis engañar? duele proporcionalmente en cuanto te importa una persona o cuando quieres realmente a una persona, es entonces cuando empiezas a cuestionar su pasado y si cuando esta hizo cosas que no te gustaron ahí es cuando te duelen realmente porque no quieres que por nada influyan en tu presente y futuro.
Pero ¿quienes somos para juzgar el pasado de nadie? quien este libre de pecado que tire la primera piedra no? o eso suele decirse en estos casos.En cada uno de nosotros esta el querer en nuestro presente a las personas que realmente merecen estarlo.
Yo solo quiero tener en mi presente a las personas que me den motivos suficientes para tenerlas en el presente del resto de mi vida.

Plan PIBE

Tenía cuatro ruedas, un volante, el contacto, tres pedales, ventanillas, parachoques… no dejaba de ser un coche. Da igual por donde mirara, ella era exactamente lo que veía. Puede que fuera un poco más grande de lo acostumbrado, o más elegante, pero seguía siendo un coche. En base a eso, decidió dejarle la compra a su hermano que tan entretenido estaba hablando con el vendedor del concesionario sobre todas las prestaciones al más bajo precio que tenía aquel… coche.
Mientras se salía a la puerta a fumarse un cigarro en un mal intento de que la dejaran tranquila, oyó que la llamaban. Cuando se dió la vuelta se encontró a la última persona a la que habría pensado encontrarse en un concesionario de coches de segunda mano: su vecino del quinto.
Tenía dos piernas, dos brazos, un cuello, una cabeza… no dejaba de ser una persona. Eso podría haber dicho cualquiera. Como mucho podrían decir que vivían en el mismo edificio, y que él vivía en el quinto, lo que lo convertía en su vecino del quinto, pero poco más. Pero ella no era cualquiera. Cuando lo miraba veía más allá. Veía todas su prestaciones: su sonrisa torcida, su incapacidad para mantener las manos quietas, su manía de metérselas en los bolsillos cuando se daba cuenta, su pelo constantemente enmarañado, su forma de morderse el interior del labio cuando pensaba, sus excelentemente definidos músculos, sus constantes referencias a cualquier serie que haya existido a lo largo de la historia de la televisión… y la más importante, su capacidad para convertir hasta el gesto más insignificante y absurdo en el mayor acontecimiento en su mundo.
Mientras le saludaba con una amplia (amplísima) sonrisa y un gesto de mano, se preguntó para sus adentros si el vendedor que hablaba en esos mismos instantes con su hermano podría ponerle a su vecino a un buen precio también.
Salieron fuera y trataron todos esos asuntos que le importan a todo el mundo y de los que, al mismo tiempo, sólo unos pocos saben. Tras la correspondiente charla de rigor entre dos adultos responsables sobre lo mal que está el mundo, la economía y todas sus variantes, él le dijo que llevaba oliendo todos los días a las dos y media del medio día un aroma a comida de la buena que subía por el patio interior desde que llegó al edificio y que, hacía poco, se había dado cuenta de que venía del piso de ella. Tras los típicos comentarios en los que él la halagaba por sus dotes culinarias y ella le restaba importancia, le dijo con voz de interesante que un día podía subir y cocinar para él. Al escuchar eso, ella pensó que podría haberse ahorrado todos aquellos encuentros casuales en la escalera que tanto le había costado preparar con sólo haber subido y llamar a su puerta con una tortilla de patatas en la mano y una proposición indecente en la otra.
Y fue justo en ese momento cuando perdió todo el interés y pasó de ser el hombre de sus sueños para convertirse en… bueno, eso, su vecino del quinto.

Plan PIBE

Tenía cuatro ruedas, un volante, el contacto, tres pedales, ventanillas, parachoques… no dejaba de ser un coche. Da igual por donde mirara, ella era exactamente lo que veía. Puede que fuera un poco más grande de lo acostumbrado, o más elegante, pero seguía siendo un coche. En base a eso, decidió dejarle la compra a su hermano que tan entretenido estaba hablando con el vendedor del concesionario sobre todas las prestaciones al más bajo precio que tenía aquel… coche.
Mientras se salía a la puerta a fumarse un cigarro en un mal intento de que la dejaran tranquila, oyó que la llamaban. Cuando se dió la vuelta se encontró a la última persona a la que habría pensado encontrarse en un concesionario de coches de segunda mano: su vecino del quinto.
Tenía dos piernas, dos brazos, un cuello, una cabeza… no dejaba de ser una persona. Eso podría haber dicho cualquiera. Como mucho podrían decir que vivían en el mismo edificio, y que él vivía en el quinto, lo que lo convertía en su vecino del quinto, pero poco más. Pero ella no era cualquiera. Cuando lo miraba veía más allá. Veía todas su prestaciones: su sonrisa torcida, su incapacidad para mantener las manos quietas, su manía de metérselas en los bolsillos cuando se daba cuenta, su pelo constantemente enmarañado, su forma de morderse el interior del labio cuando pensaba, sus excelentemente definidos músculos, sus constantes referencias a cualquier serie que haya existido a lo largo de la historia de la televisión… y la más importante, su capacidad para convertir hasta el gesto más insignificante y absurdo en el mayor acontecimiento en su mundo.
Mientras le saludaba con una amplia (amplísima) sonrisa y un gesto de mano, se preguntó para sus adentros si el vendedor que hablaba en esos mismos instantes con su hermano podría ponerle a su vecino a un buen precio también.
Salieron fuera y trataron todos esos asuntos que le importan a todo el mundo y de los que, al mismo tiempo, sólo unos pocos saben. Tras la correspondiente charla de rigor entre dos adultos responsables sobre lo mal que está el mundo, la economía y todas sus variantes, él le dijo que llevaba oliendo todos los días a las dos y media del medio día un aroma a comida de la buena que subía por el patio interior desde que llegó al edificio y que, hacía poco, se había dado cuenta de que venía del piso de ella. Tras los típicos comentarios en los que él la halagaba por sus dotes culinarias y ella le restaba importancia, le dijo con voz de interesante que un día podía subir y cocinar para él. Al escuchar eso, ella pensó que podría haberse ahorrado todos aquellos encuentros casuales en la escalera que tanto le había costado preparar con sólo haber subido y llamar a su puerta con una tortilla de patatas en la mano y una proposición indecente en la otra.
Y fue justo en ese momento cuando perdió todo el interés y pasó de ser el hombre de sus sueños para convertirse en… bueno, eso, su vecino del quinto.

Perfección (Por Estrella Solís Abril)

La perfección se entiende como la acción de perfeccionar o como la completa ausencia de error o defecto, es el concepto de una terminación completa y verdadero significado de eso que muchos consideran como el fin supremo de sus acciones; esto puede derivar en el perfeccionismo, encauzado hacia el buen éxito y proporcionando motivación para perseverar ante el desaliento y los obstáculos.
A lo largo de nuestra vida, ¿cuántas veces nos hemos lamentado de que algo no ha quedado perfecto? ¿O de que alguien no es perfecto para nosotros? Si algo es contrario a nuestros pensamientos ¿por qué tiene que ser imperfecto?
Para decir que una persona es perfecta tal como dice la definición, tiene que tener una ausencia total de defectos o errores pero.. ¿quién no tiene defectos? o ¿ quién nunca ha cometido un error? En mis 21 años de vida NUNCA he conocido a una persona perfecta, ni a una persona que no cometa errores. A mi parecer las personas se componen de defectos. Porque si las personas no tuvieran defectos ¿cuáles serian sus cualidades? ¿Y si las personas no cometieran errores?… ¿cómo aprenderían a no equivocarse y rectificar?
Pienso que la perfección se encuentra en las imperfecciones, para mi una persona no es perfecta en base de lo guapo o guapa que es, de lo bien que viste, de cuánto dinero tiene, de qué bien baila, de qué bien canta o de la buena nota que ha sacado en el examen… Una persona es perfecta en el momento en que todos sus defectos se convierten en virtudes. 
Puede parecer complejo. Es más, hasta muchas veces podamos decir que es imposible . Pero ¿tenemos que buscar a alguien que acepte nuestras imperfecciones? o ¿tenemos que buscar a alguien que aguante nuestras imperfecciones?  por suerte vivimos en un mundo en elque los defectos de unos son virtudes de otros..porque..¿ quien a dicho que los defectos sean errores?

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Demasiado polvo.

Aquel día llovió en la carretera.
La última bala que disparó atravesó dos corazones. Uno encontró su descanso en un descampado junto a otras 53 tumbas de desconocidos para él. El otro se vió obligado a existir dentro de un cuerpo de hielo que vagó sin rumbo hasta que algún tipo de accidente no provocado según las autoridades acabó con ella.
Aquel día llovió en su alma.

La muerte a pellizcos.

Cinco estudios de cinco prestigiosas universidades y uno de la NASA lo confirmaban: había caído en un agujero negro de sinsentidos. Por cada dos pasos que ella daba, aparecía algún imbécil que creía saberlo todo para explicarle que todo en la vida tiene solución y que él tenía el remedio contra su enfermedad. No fueron pocas las ganas que tuvo de romperle la mandíbula a cada uno de aquellos insensatos cuya propia autoestima les cegaba a la hora de darse cuenta que la locura no tiene curación.
Se dedicó a vivir con las maletas en la puerta, saltando de charco en charco en un tortuoso juego de la oca donde, casualmente, siempre perdía ella. Aprendió a coger carretera y manta cada vez que intuía desde lejos la presencia de esa sombra que la acompañaba desde aquella primera vez cuando, a los cinco años, estuvo a punto de saltar desde el tejado dispuesta a volar en su escoba mágica traída de lo más profundo del bosque encantado donde habitaban las hadas. Todos pensaron que eran juegos de críos, ninguno la creyó cuando decía que aquellos fantásticos animalitos mágicos vivían de verdad y la visitaban cada mañana a la hora del desayuno.
Tras dos divorcios sin boda y una luna de miel a solas, tomó la decisión de no volver a desayunar, pero las tortitas con chocolate le llamaban demasiado como para cumplir su promesa, así que, tras la quinta conversación en solitario, otro sabihondo con aires de psiquiatra salió corriendo de su vida por si acaso el desequilibrio mental era algo contagioso.
Llegó un momento en que la existencia de su propia esencia de alcohólica rehabilitada y visitante asidua de los moteles de las afueras de la ciudad dejó de importarle demasiado. Su dignidad y apego hacia la persona que podría haber sido quedaron hechas un coladero por el que los insultos de un par de camareros gordos con un negocio en ruinas pasaban como si fueran una pequeña y casi imperceptible brisa marina.
Poco después llegó ese magnífico día en el que desapareció de la faz de la tierra para nunca volver. Algunos dicen que murió de un derrame cerebral en medio de la cuneta de una carretera abandonada. Otros aseguran haberla visto reírse sin parar en las profundidades de un bosque donde, desde entonces, todo el mundo habla de absurdas historias sobre animales fantásticos y sucesos inexplicables.
Pero claro, las historias no son más que eso: historias.

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